Relevamiento del local y de la operación
Visitamos el espacio o pedimos planos y fotos cuando el cliente está fuera de la zona. Medimos superficies, revisamos ventilación, desagües y tablero eléctrico. También preguntamos cuántos cubiertos se sirven en hora pico, porque de eso depende la potencia de cocción que hace falta. Sin este paso, cualquier presupuesto queda a ciegas.
Propuesta técnica con equipos definidos
Armamos una lista concreta de maquinaria: líneas de cocción, cámaras de frío, campanas, lavado y mobiliario de acero. Indicamos medidas, consumo y tipo de instalación de cada equipo. Cuando el cliente ya tiene parte del equipamiento, lo integramos en el plan en lugar de reemplazarlo sin necesidad.
Coordinación de logística y plazos
Los equipos pesados no llegan todos juntos ni por la misma ruta. Organizamos entregas parciales para que la obra avance sin frenar la operación existente. Si el local sigue funcionando, definimos horarios de descarga y accesos para no interrumpir el servicio. En rutas largas trabajamos con transporte refrigerado cuando el pedido incluye cámaras o insumos sensibles.
Instalación, puesta en marcha y ajuste
La instalación incluye conexión de gas, agua y electricidad según especificación de fábrica. Después de montar, hacemos una prueba de producción real: encendemos la línea de cocción, verificamos temperaturas de cámara y medimos tiempos de recuperación. Si algo no rinde como se esperaba, se corrige antes de la entrega final.
Seguimiento y repuestos
Una vez que la cocina opera, quedan los ajustes finos: calibración de hornos, cambio de filtros, reposición de piezas de desgaste. Mantenemos registro de cada equipo instalado para que el cliente pueda pedir repuestos sin buscar modelo por modelo. Este seguimiento es lo que evita paradas largas cuando algo falla en plena temporada.